Según el Consejo Federal de Inversiones, las ciruelas, duraznos y nectarinas (pelones) son los principales frutos de carozo producidos en la Argentina. En este sentido, el INTA les dedicó un espacio en su muestra. Varias consideraciones y aspectos a tener en cuenta fueron detallados por el ingeniero Raúl Rolle, especialista en la materia.
Se habla de un futuro promisorio y de gran rentabilidad para la fruticultura de carozo. Los rasgos de su producción y comercialización hacen de estas opciones una alternativa más que interesante. En Salta, nada de esto sería posible sin la idoneidad del terreno y el clima que el Valle de Lerma presta para su cultivo. Raúl Rolle, representante de la Agencia de Extensión Rural INTA Perico (Jujuy), explica: “El Valle de Lerma tiene zonas muy buenas para producir, las alternativas son diversas y las características del suelo hacen viables interesantes posibilidades de cultivo. En esta zona el período de cosecha dura de un mes y medio a dos”.
La producción de durazno, por ejemplo, denotó un gran crecimiento en los últimos años, con la incorporación de más áreas destinadas al cultivo. En el mapa productivo figuran Mendoza, Buenos Aires, Córdoba y Río Negro, provincias a las que se suman Salta y Corrientes. A pesar de que el cultivo industrializado de durazno encuentra su auge en la provincia de Mendoza, es posible en menor escala visualizar su sustentabilidad en huertas familiares. “En una hectárea caben 666 plantas de durazno. Una planta que se inserta en junio o julio comenzará a brotar en primavera, pero sólo dará dos o tres duraznos. A partir del segundo año se comienza a recuperar parte del capital invertido y en el tercer año se llega a amortizar el 50 o 60 por ciento, en tanto que en el cuarto año se ven las ganancias”, aclara el especialista.
Se estima que la unidad económica con la cual una familia tipo podría vivir es de cuatro hectáreas, con un aproximado de producción de entre 18 a 20 mil kilos por hectárea. Cabe destacar que el cultivo y producción de nectarinas es similar al del durazno.
Por su parte, uno de los desafíos actuales de la producción de ciruelas es lograr que mantengan sus cualidades durante el traslado a los distintos puntos de venta y que logren largos períodos de conservación para su posterior consumo. Salta se encuentra entre las principales provincias productoras de ciruelas, junto a Mendoza y San Juan, que encabezan la lista.
La mejor producción, hacia Buenos Aires
Se advierte que los frutos de mayor calidad de cada producción son destinados a la ciudad de Buenos Aires. El motivo tiene una base estratégica: “Si queremos que nuestra producción sea rentable, debe haber diferencia de precio afuera de la provincia. En Buenos Aires, por ejemplo, un cajón de duraznos de 11 kilos llegó a costar $150, cuando en la provincia se pagaría $70”, detalló Rolle.
Además de la cuestión ganancial, el gasto de flete es elevado y para el productor resulta inconveniente enviar los frutos más pequeños, por lo que envía una selección de primera. Los frutos medianos y chicos son comercializados en el mercado local.
Arándanos y frutillas
Según datos proporcionados por el INTA, la frutilla es un fruto que demanda cuidados especiales durante todo el año. La inversión inicial implica hablar de cifras elevadas, contando tanto con buena tecnología como con gran cantidad de mano de obra. En este sentido, Rolle idealiza el hecho de pensar en pequeños y medianos productores dedicados a este cultivo. Si bien pueden utilizarse técnicas caseras para su cuidado permanente, la calidad y rentabilidad del fruto nunca serán las misma que las obtenidas a partir de innovaciones tecnológicas.
“Una persona puede llevar adelante los cultivos de manera tradicional, con un resultado de 200 o 300 gramos de rendimiento final por planta, contra un rendimiento manejado por tecnología de un kilo o un poco más por planta”, dice. Sin duda alguna, los números marcan una gran diferencia y, por consiguiente, definen de igual manera el ingreso entre productores.
Por su parte, el arándano es un fruto que presenta numerosas complicaciones para su comercialización en el mercado. A pesar de ser requerido habitualmente para la cocina gourmet, su rentabilidad no satisface las expectativas que se desean alcanzar. “Es todo un tema, no tanto por el cultivo, sino más bien por la venta. Mucha gente lo ve como algo muy bueno para la salud, y realmente es cierto, pero actualmente no está desarrollada un cultura para su consumo”, comenta Rolle.
Contacto: Raul Rolle
http://www.comercializar.jujuy.gov.ar/